El encuentro de ida de la semifinal de la Copa del Rey se convirtió en una noche para olvidar para el Barcelona: el Atlético de Madrid venció 4-0 y al descanso ya dormía con cuatro goles de ventaja. Desde el portero Joan Garcia hasta Lamine Yamal en ataque, el equipo estuvo superado y no mostró señales de reacción durante los 90 minutos.

Tras el descanso no llegaron más goles del Atlético, pero el marcador pudo haber sido aún más amplio. El Barcelona no logró construir jugadas con fluidez, estuvo continuamente presionado y apenas generó ocasiones claras. El equipo local mostró más intensidad, recuperó rápidamente el balón y aprovechó los contraataques por la izquierda para romper reiteradamente la línea alta defensiva blaugrana.

Fue posiblemente la actuación más pobre del conjunto desde la llegada de Hansi Flick: no apareció ningún jugador capaz de cambiar el signo del partido, y los problemas fueron tanto tácticos como técnicos, desde la salida de balón hasta la efectividad en ataque.

El arbitraje y el VAR añadieron más controversia. Una pausa de ocho minutos para la revisión acabó con la anulación de un gol claro que pudo haber impulsado la remontada; posteriormente se explicó que el sistema VAR semiautomático falló y se trazaron líneas manualmente. En situaciones con pequeñas diferencias y una falla técnica, lo lógico sería favorecer a la acción ofensiva, pero la decisión fue la contraria.

En el caso de Pau Cubarsi se aprecia que estaba detrás de Robert Lewandowski antes de recibir el balón, pero el tanto fue invalidado. Otro momento clave fue la falta de Giuliani Simeone sobre Alejandro Balde al inicio del segundo tiempo, que parecía un claro motivo de expulsión y no fue revisado por VAR; en cambio, la infracción de Eric Garcia sí fue revisada y su tarjeta subió de amarilla a roja. Tras el partido, Hansi Flick criticó abiertamente el arbitraje, ya que el club empieza a perder la paciencia con estas situaciones.

El camino de vuelta se presenta cuesta arriba: con cuatro goles en contra, el Barcelona tendrá que marcar al menos cuatro en la vuelta en casa a comienzos de marzo para forzar los penaltis, o cinco para ganar la eliminatoria en el tiempo reglamentario. La posible vuelta de Pedri, Raphinha y Marcus Rashford, el apoyo de la grada y un césped más favorable son argumentos a favor, pero revertir un 4-0 ante un rival que probablemente se encierre en bloque bajo será una misión extremadamente difícil.

Para llegar a la final de la Copa del Rey, el Barcelona necesitará una noche histórica: anotar cuatro para al menos empatar la eliminatoria y llevarla a penaltis, o marcar cinco para sellar la clasificación. Eso exige que figuras como Lamine Yamal, Raphinha, Pedri y Robert Lewandowski brillen a un nivel extraordinario.