Barcelona perdió 0-2 en el global ante Atlético de Madrid en los cuartos de final de la Champions League, pero el entorno azulgrana denunció varias decisiones arbitrales que, según ellos, condicionaron el resultado final.
Diversos momentos clave en el juego mostraron falta de coherencia en el criterio del árbitro, quien no pitó dos claros penales: la mano de Pùbil y una falta sobre Fermín, que además sufrió una lesión nasal grave. Mientras tanto, dos jugadores del Barça fueron expulsados, pero ninguno del Atlético, desequilibrando el desarrollo táctico y numérico del partido.
Jota Jordi, periodista cercano al club, afirmó que no se trató de un solo partido con errores, sino de una eliminatoria «robada». Además, apuntó a la UEFA y a su presidente Aleksander Čeferin como responsables de un trato injusto hacia Barcelona, postura reforzada por un comunicado oficial de la UEFA emitido el mismo día del partido.
Primero, este arbitraje polémico afecta negativamente la moral del equipo y dificulta la gestión interna para mantener la competitividad en Europa.
Segundo, el Atlético cometió 42 faltas en toda la eliminatoria, pero recibió sólo tres tarjetas amarillas, lo que evidencia un desequilibrio en la aplicación del reglamento que repercute en la estrategia y estado físico del Barcelona.
Tercero, esta situación hace daño a la imagen de la UEFA y a la credibilidad de la Champions League, afectando a todos los clubes y principalmente al Barcelona desde el punto de vista deportivo y financiero.
En resumen, la crítica al arbitraje en esta eliminatoria refleja problemas sistémicos que enfrenta Barcelona en su intento por recuperar protagonismo en Europa, siendo un llamado a mejorar la transparencia y equidad en el máximo torneo continental.