En el partido de ida de cuartos de final de la Champions League entre Barcelona y Atlético de Madrid, el árbitro rumano István Kovács mostró tarjeta roja directa a Pau Cubarsí tras la intervención del VAR en el minuto 42. Durante una transición rápida del Atlético, Giuliano Simeone rompió el fuera de juego y, quedando solo ante el portero Joan García, fue derribado por Cubarsí, que tocó claramente las piernas tratando de evitar la entrada.
El colegiado inicialmente mostró la amarilla, pero cambió a roja directa tras revisar las imágenes en el monitor del VAR. Este hecho fue determinante, pues Julián Álvarez anotó un golazo de falta directa por encima de la barrera, poniendo el 1-0 con el que concluyó la primera mitad. Cubarsí no podrá jugar el partido de vuelta debido a la sanción.
El especialista arbitral Pedro Martín consideró que la expulsión era correcta aunque afirmó que el jugador no tenía intención de hacer falta grave. Los comentarios en la radio destacaron la rareza de esta decisión, ya que normalmente este tipo de faltas se sancionan con amarilla. Kovács ya había mostrado una roja directa a Ronald Araújo en una eliminatoria previa de Champions, evidenciando su dureza en el arbitraje.
De este episodio se extraen tres conclusiones. Primero, el uso estricto del VAR disminuye errores arbitrales pero puede perjudicar severamente a un equipo en encuentros igualados, como en este caso con Barcelona jugando con un hombre menos desde la primera parte. Segundo, la ausencia de Cubarsí obliga a reconfigurar la defensa y modificar el plan de juego. Tercero, el incidente subraya la importancia de la fortaleza mental en partidos de máxima tensión donde todo error puede ser decisivo.
Para los seguidores, esta situación es un recordatorio de la necesidad de disciplina y concentración en la Champions. Tanto expertos como aficionados estarán atentos a cómo Barcelona afronta el reto en el segundo encuentro y si logrará remontar la eliminatoria pese a la desventaja numérica y los cambios tácticos que ello conlleva.