El Barça parecía hundido con un 0-4 en contra, pero justo antes del descanso logró reducir la diferencia a 0-2. En el minuto 45+3, Ferran Torres asistió con inteligencia a Pedri, que fue derribado dentro del área por Pubill, lo que provocó la señalización de un penalti claro.
Raphinha se hizo cargo del lanzamiento y disparó con tranquilidad hacia la izquierda, mientras Musso se lanzaba al lado contrario. Este gol supuso el segundo del brasileño y un símbolo de la fe renovada del Barça para intentar la remontada.
De cara a la segunda parte, el conjunto azulgrana recibió un importante impulso emocional, demostrando su disposición a pelear hasta el final. Este momento puede marcar un punto de inflexión en el partido, ya que el Barça ha demostrado que no ha dicho su última palabra.