Ildefonso Urizar Azpitarte, exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) de la RFEF, afirmó que José María Enríquez Negreira engañó al Barcelona en asuntos económicos.

Urizar explicó que, durante su mandato, las responsabilidades dentro del comité eran claras, y Negreira se encargaba principalmente de coordinación administrativa, sin intervenir en nombramientos arbitrales. Rechazó la idea de manipulación deportiva, señalando que cualquier intento habría sido denunciado por los colegiados.

Además, destacó que la relación financiera entre el club y Negreira fue una cuestión privada, desvinculada de sus funciones en el arbitraje. Señaló también que el arbitraje no era una profesión exclusiva entonces, y muchos árbitros tenían negocios paralelos, una realidad muy distinta a la actual.

Analizando el caso, primero, la división clara de funciones descarta una corrupción deportiva directa a través de Negreira, ayudando a preservar la integridad del juego pese al escándalo financiero.

Segundo, las relaciones comerciales entre clubes y árbitros en aquella época reflejan un cambio de paradigma; hoy en día, estos vínculos se ven con mucha mayor desconfianza y pueden dañar severamente la imagen institucional.

Finalmente, la declaración de Urizar intenta separar lo personal de lo deportivo, pero recalca el alto riesgo reputacional para el Barcelona.

Para el club, esto implica la necesidad de controles estrictos y transparencia en las relaciones financieras para minimizar riesgos legales y de imagen. Para los seguidores, es importante comprender que los escándalos financieros afectan la confianza y la cultura interna del fútbol tanto como su reputación.