En el partido de La Liga entre Real Madrid y Girona, Kylian Mbappé fue golpeado en la cara dentro del área, pero el árbitro Alberto Rojas no señaló penalti y el VAR no intervino. Real Madrid TV calificó el arbitraje como vergonzoso, asegurando que la acción fue claramente penalti, incluso doble.
El canal vincula esta controversia arbitral con la investigación a Barcelona por supuesta corrupción, en la que se analizan pagos a una empresa de José María Enríquez Negreira, exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros de España. Estas conexiones aumentan las sospechas sobre presuntas influencias indebidas en las decisiones arbitrales.
Este conflicto forma parte de una rivalidad más amplia que afecta al fútbol español, convirtiendo el episodio de Mbappé en un foco de enfrentamientos deportivos, mediáticos y políticos. Se cuestiona la imparcialidad de los árbitros y se intensifica el escrutinio sobre la gestión del fútbol.
Por lo tanto, la polémica del penalti no es solo un incidente puntual, sino un reflejo de los desafíos que enfrenta la integridad y la reputación del Barcelona, con posibles repercusiones dentro y fuera del campo.