El Barcelona ha avanzado mucho bajo Hansi Flick, y la temporada aún no ha terminado.
El cielo no se está cayendo en Cataluña, aunque una breve racha de derrotas —aunque sean dos partidos— siempre encenderá las alarmas en un club y una afición que esperan grandeza en todo momento.
En menos de un mes se decidirá la presidencia del Barcelona. Si somos sinceros, Joan Laporta no tiene un rival real. Heredó un desastre de Josep Bartomeu; hubo razones legítimas para temer por el futuro del club. En el terreno de juego, sin embargo, con los dos entrenadores elegidos por Laporta —Xavi y Hansi Flick— el Barcelona ha ganado La Liga en dos ocasiones, mientras que el Real Madrid se llevó los otros dos títulos en el mismo periodo.
Laporta también tomó decisiones controvertidas que, en retrospectiva, han dado resultado. Dejar marchar a Lionel Messi y gestionar salidas de ídolos del club debió hacerse con más respeto, pero al final esas medidas beneficiaron al Barcelona. El estado actual del club es, en lo deportivo y financiero, lo más parecido a lo que se podía esperar después de los oscuros años del Covid y la crisis.
Aun así, algo no termina de encajar. ¿Cuánto del éxito reciente se debe al liderazgo del presidente y cuánto a la suerte? ¿Está el club en un camino sostenible para competir de forma constante por los títulos en España y Europa, o los problemas del pasado están latentes y pueden reaparecer?
Mucho crédito por las dos últimas temporadas corresponde a Hansi Flick. Sus tácticas se pueden criticar: son imperfectas, especialmente dadas las circunstancias. Realmente, la plantilla que le han dado no debería ser favorita en La Liga ni en la Liga de Campeones. Flick ha hecho un trabajo casi milagroso transformando un equipo improvisado en candidato, con escaso respaldo desde la directiva.
Las debilidades del equipo son evidentes: la posición de lateral ha sido descuidada durante años; Jules Koundé y Eric García continúan ocupando el costado derecho a modo de suplencia. La pareja de centrales ha sido gestionada en clave de crisis tras la sorprendente salida de Iñigo Martínez en verano. No hubo una respuesta clara para reemplazar a Sergio Busquets en el pivote defensivo, y Flick ha tenido que improvisar. Finalmente, al Barça le falta un delantero de primer nivel en plenitud; a pesar de los goles de Ferran Torres y Robert Lewandowski, el ataque sigue mostrando fragilidades.
Los aficionados deben apoyar a Flick y a los jugadores. Tienen defectos, pero ofrecen motivos para ilusionarse. Ahora mismo el Barça está donde necesita estar en La Liga y en la Liga de Campeones: quizá sin la profundidad ideal, pero con un once titular apto para la fase decisiva de la temporada.
A largo plazo, Joan Laporta tendrá grandes preguntas que responder y puede que no siempre tenga la misma suerte. Por ahora, sin embargo, hay que disfrutar del fútbol que Flick ha traído al Barcelona. Aún quedan muchos giros por delante, y al final lo que importará será cómo termine la historia.
Barcelona: La Liga