Luis Enrique comenzó su carrera como entrenador en el Barça B y pronto logró consolidarlo como uno de los mejores filiales en la historia del club. Su exigencia en la preparación física y la disciplina fue clave: sesiones de entrenamiento dobles y, en algunos casos, triples para los jugadores que necesitaban mejorar.
Manteniendo la política de poca exposición mediática propia del periodo de Pep Guardiola, Enrique limitó las entrevistas y mantuvo a los jugadores alejados del foco público. Fue un líder firme, tomando decisiones difíciles como la salida de Iago Falque tras un desacuerdo.
Un cambio fundamental fue modificar el objetivo inicial de ascenso a la permanencia en la categoría, fomentando la estabilidad del equipo. El filial mostró intensidad y preparación física, superando a rivales especialmente en la parte final de los partidos. Esta filosofía implantada por Enrique sentó las bases para la competitividad y el espíritu de lucha que replicaría el primer equipo.
La etapa en el Barça B fue esencial para definir el estilo de Luis Enrique como entrenador. Su trabajo con los jóvenes reforzó la proyección a largo plazo del club y facilitó la transición de talentos hacia el primer equipo.