Cuando Barcelona fichó a Raphinha procedente del Leeds, muchos aficionados se mostraron escépticos: el brasileño había sido el referente del equipo inglés, pero encajar en un gigante como el club catalán no era una garantía. Desde el principio había dudas sobre su papel y sobre si sería un fichaje verdaderamente determinante.

Con Xavi era habitual verle como recurso para los últimos minutos; sus entradas alrededor de la hora de juego dieron la impresión de que no era valorado como titular indiscutible y que su continuidad estaba en entredicho. Con la llegada de Hansi Flick esa realidad cambió y Raphinha empezó a mostrar una versión mucho más decisiva y constante.

La influencia del jugador es tangible: con Raphinha en el campo el equipo gana el 91% de los partidos; sin él, ese porcentaje cae hasta el 60%. Además, en cinco de las seis derrotas del curso 2025/26 el brasileño no estaba disponible, lo que subraya cuánto le necesita el equipo.

Raphinha presionando a un rival con el Barça.
Raphinha presionando a un rival con el Barça.

Su facultad para ocupar los espacios, crear oportunidades y perseguir a los rivales ha sido una pieza clave en el orden de juego que quiere implantar Flick: la primera línea defensiva comienza en el ataque y Raphinha se ha convertido en la encarnación de esa idea. En la banda opuesta, Lamine Yamal aporta un perfil muy distinto y sigue siendo un problema constante para las defensas rivales.

Cabe añadir que en ocasiones Raphinha ha llevado el brazalete de capitán durante las dos últimas temporadas. Su rendimiento actual es una continuidad de la temporada anterior, en la que tuvo un papel importante en la conquista de la liga y en la espectacular trayectoria en la Champions League que, en muchos sentidos, merecía al menos la final. Con la Copa del Mundo a pocos meses, aunque no tenga nada que demostrar a los seleccionadores, mantener su mejor nivel reforzará sus credenciales y beneficiará al equipo.