Edna Imade, con 25 años, no recuerda cómo llegó a España. Su madre huyó de Nigeria por la guerra, cruzó el Sáhara hasta Marruecos, donde nacieron Edna y su hermano. Luego, la familia se embarcó en una patera rumbo a España. Tras vivir en casas de acogida, encontraron un hogar en Carmona, Andalucía.

En la escuela, mientras sus compañeras elegían flamenco, Edna comenzó a jugar al fútbol animada por un profesor de Educación Física. Su evolución fue fulgurante: en tres años ascendió desde la Segunda División hasta disputar semifinales de la Champions League. Pasó por el Cacereño y deslumbró en el Granada de Primera División.

El Barcelona siguió su carrera, valorando que su perfil físico y capacidad aérea complementaban a la delantera Ewa Pajor. Sin embargo, finalmente no se llegó a un acuerdo para su fichaje. Edna firmó con el Bayern, y tras una cesión a la Real Sociedad, donde mantuvo un nivel sobresaliente, fue incorporada de vuelta al Bayern antes de lo previsto.

Actualmente es la tercera máxima goleadora de la Liga F con 11 tantos y ya ha debutado con La Roja, marcando dos goles en el triunfo contra Ucrania. En Bundesliga suma cinco goles en siete partidos y vivió su estreno en Champions en Old Trafford. Destaca que su único gol de penalti le dio a la Real Sociedad la única derrota del Barcelona esta temporada.

Primer análisis: su experiencia como refugiada le ha dotado de una fortaleza mental que impulsa su rápido crecimiento en competiciones de alto nivel.

Segundo: su estilo físico y capacidad en el juego aéreo aporta recursos tácticos valiosos para cualquier ataque moderno.

Tercero: su paso por diferentes ligas europeas evidencia que el desarrollo de talento femenino es global y no lineal, ofreciendo diferentes vías de éxito.

La historia de Edna Imade inspira y demuestra cómo el fútbol puede cambiar destinos, mientras el Barcelona sigue atento a su evolución pese a no haber concretado su fichaje.