No fue la noche de Lamine y, por extensión, tampoco la del Barça. El equipo de Hansi Flick, que necesitaba reponerse tras el batacazo en el Metropolitano, salió de Montilivi aún más tocado: dejó los tres puntos (1-2) y cedió definitivamente el liderato al Real Madrid. El partido tuvo polémica, sobre todo por la presión de Echeverri a Koundé que precedió al gol de Fran Beltrán; en general los azulgrana ofrecieron una imagen pobre.

El punto de inflexión llegó en el añadido del primer tiempo, cuando Blind llegó por detrás y cometió penal sobre Dani Olmo. Raphinha cedió la responsabilidad a Lamine, pero el canterano de Rocafonda ajustó mal y el disparo terminó estrellándose en la madera. Fue un varapalo psicológico: de haber ido al vestuario por delante, la historia podría haber sido otra; en cambio el Girona se armó de más valor.

A unos 1.300 km, el Madrid entrenaba en el Estádio da Luz, el escenario donde hace apenas 20 días un gol de Trubin les mandó a los infiernos y les condenó, por segundo año consecutivo, a jugar el play‑off de la Champions. Minutos después del fallo de Lamine, la cuenta oficial del Real en X publicó un vídeo de sus jugadores afinando disparos a puerta con el rótulo “¡Afinando puntería!”. El mensaje y el timing invitan a pensar que no fue casualidad, sino una indirecta cargada de ironía tras el error del joven azulgrana; un fallo que, de paso, puso el liderato en bandeja a los blancos.

El Barça debe recuperarse de estos tropiezos fuera de casa y tendrá tres partidos en casa para hacerlo: Levante y Villarreal en Liga y la vuelta de las semifinales de Copa ante el Atlético en el Spotify Camp Nou. Al Madrid le esperan dos semanas intensas con el doble enfrentamiento ante el Benfica y la visita a El Sadar: la lucha por el título entra en la fase decisiva.