Desde la llegada de Hansi Flick al FC Barcelona, uno de sus principales objetivos ha sido inculcar disciplina en el vestuario, especialmente en cuanto a la puntualidad de los jugadores.
La temporada pasada, cualquier jugador que llegara tarde a un entrenamiento o a sesiones de activación en días de partido era castigado quedando fuera del once titular. Por ejemplo, Jules Kounde vivió esto en varias ocasiones, e Inaki Peña perdió su lugar en el equipo en la Supercopa de España. En esta temporada, Raphinha y Marcus Rashford recibieron el mismo castigo.
Sin embargo, según RAC1, ha habido un cambio notable en cómo se sancionan los retrasos dentro del vestuario. Para Flick, el día del partido es sagrado: hay varios momentos programados — sesiones de activación, charlas tácticas — y llegar incluso unos segundos tarde se considera una falta de respeto hacia los compañeros.
Hasta octubre de 2025, llegar tarde se castigaba quedando fuera del once inicial. Pero los jugadores comenzaron a sentirse incómodos con esta forma de castigo. Cuando un titular habitual aparecía sorpresivamente en el banquillo, la razón pronto se hacía pública, generando tensión y la crítica de que el rendimiento debería ser el factor decisivo, no solo la puntualidad.
Ahora, las llegadas tardías se sancionan con multas económicas, según revelaron Pedri y Ferran Torres en una entrevista reciente, con penalizaciones que pueden alcanzar los 40.000 €.
Las discusiones internas jugaron un papel importante en este cambio de política. En octubre, rondaron rumores de que Lamine Yamal había comenzado contra el PSG a pesar de llegar tarde, y que el director deportivo del Barcelona, Deco, había intervenido para suavizar la postura de Flick. El entrenador desestimó la historia como "tonterías", pero las conversaciones continuaron detrás de escena.
Los capitanes del equipo hablaron con Flick y Deco, sugiriendo que era momento de ajustar el enfoque. El director propuso reconsiderar el sistema. Flick, conocido por ser exigente pero abierto al diálogo, escuchó. La conclusión fue clara: mantener la disciplina, pero cambiar el método.
Así, desde octubre, los castigos deportivos por llegar tarde han sido reemplazados por multas económicas. El mensaje sigue siendo firme: la puntualidad es innegociable, pero la consecuencia ahora afecta el bolsillo de los jugadores en lugar del once titular.