Barcelona se prepara para un acontecimiento histórico: acoger la final de la Liga de Campeones en su estadio por primera vez en 27 años. La última vez fue en 1999, cuando en el actual Spotify Camp Nou el Manchester United venció al Bayern Múnich. Desde entonces, este estadio no ha albergado una final, convirtiendo esta iniciativa en un momento clave para el club.

En las últimas semanas, la directiva trabaja en la candidatura para organizar la final de la Champions 2028/29. La Federación Española de Fútbol (RFEF) ya dio su visto bueno, y recientemente el Gobierno español también otorgó su aprobación. Con estas dos autorizaciones, Barcelona está listo para presentar formalmente la candidatura antes del plazo del 10 de junio.

Cabe destacar que dos de las próximas tres finales podrían disputarse en España. En septiembre, la UEFA confirmó que el estadio Riyadh Air Metropolitano de Atletico Madrid será sede de la final 2026/27. En caso de que Barcelona gane la candidatura, España albergaría dos de los tres próximos finales, resaltando la fortaleza del fútbol español a nivel continental. Wembley, en Londres, también se postula como candidato fuerte para 2028/29.

Primero, la organización de la final supondría un apoyo económico fundamental para Barcelona, que atraviesa desafíos presupuestarios. Los ingresos facilitarían mejoras en las instalaciones y una mayor flexibilidad para fichajes.

Segundo, junto con la final ya confirmada en Madrid, tener otra final en suelo español subraya la importancia creciente de España en el fútbol europeo. Para Barcelona, esto significa potenciar su marca global, reforzar la conexión con seguidores y atraer patrocinadores.

Tercero, lograr la final aceleraría la modernización del Spotify Camp Nou. Más allá del beneficio económico y del branding, es un paso estratégico para asegurar el futuro del club entre los principales del mundo.

En resumen, conseguir la sede de la final de la Champions 2028/29 sería un hito para Barcelona. Además de las ventajas financieras evidentes, afianzarían su posición europea, apoyarían la recuperación económica y abrirían puertas a nuevas alianzas. La espera de la decisión de la UEFA, prevista para septiembre, mantiene en alerta a la afición y a los actores clave.