En 2026, la relación entre Xavi Hernández y el FC Barcelona ha alcanzado un punto de tensión notable, evidenciado por su exclusión de los recientes partidos del equipo de Leyendas del club. El exmediocampista y actual entrenador, habitual participante en estos encuentros, no estuvo presente en el último partido disputado en Seúl.

La decisión del club se produjo tras una entrevista concedida por Xavi durante la campaña para las elecciones presidenciales, donde criticó abiertamente a la junta directiva, en particular a Alejandro Echevarría, director ejecutivo del club. Xavi manifestó su profunda decepción por la salida de Echevarría, con quien mantenía una relación cercana, y atribuyó gran parte de los problemas internos de la entidad a la dirección actual.

Este hecho ha provocado dudas sobre la cultura interna del club y el trato hacia sus leyendas, símbolos de las épocas más gloriosas de la institución. Siendo Xavi uno de los jugadores más grandes en la historia del club y una figura respetada por su liderazgo en momentos difíciles como entrenador, su exclusión se interpreta como un castigo injusto por expresar opiniones críticas y cuestionar la gestión del club.

Este episodio refleja una discordia interna mayor donde los conflictos políticos y directivos afectan no solo lo deportivo sino también la relación con sus exjugadores emblemáticos. Contrariamente a la imagen democrática que Barcelona ha proyectado históricamente, esto señala una tendencia a aislar a las voces disidentes para mantener el control institucional.

La tensa relación con Xavi ilustra una falta de diálogo abierto y la propensión a aislar a los críticos. Para un club que defiende valores democráticos, esta postura puede perjudicar su imagen y cohesión interna en el futuro cercano.