Portero —, de largo, el mejor del Barça: hizo todo lo que pudo para mantener al equipo en el partido, paró incluso tiros que no parecían peligrosos; con dos disparos imparables no pudo. Jugó en permanente estado de vigilia y hasta marcó al final el gol del empate.

Koundé — fallón: Lamine intentó buscar su sociedad habitual sin éxito. Su única aparición destacable fue el centro del 0-1. En defensa dio demasiadas facilidades; además no le señalaron la falta por pisotón que recibió antes del 2-1.

Cubarsí — frustrado: su cabezazo para el 0-1 fue un efímero destello de alegría tras un gol que le habían birlado en el Metropolitano. Lo malo es que la alegría duró poco: enseguida llegó el 1-1 tras un tímido despeje del central.

Eric García — precipitado: cometió una falta fuera de lugar para cortar una acción ofensiva de Reis, lo que le costó una tarjeta y pareció condicionarle. No fue su mejor noche; fue sustituido, al parecer, con molestias.

Gerard Marín — novedoso: uno de los que más se acercó a su nivel. Empezó con ganas y realizó un par de incursiones prometedoras; fue el primer cambio.

De Jong — gélido: no mostró la jerarquía esperada en el mediocentro, dio pases burocráticos y no mandó en el repliegue. Se quejó con razón de varias decisiones arbitrales, incluida una falta clara que era de tarjeta; pidió además un penalti poco probable.

Olmo — señalado: fue objeto de un penalti imposible de no señalar en la acción previa al descanso. Fuera de eso, el equipo no transmitió la pasión que sí mostró el rival.

Lamine — penalizado: perdonó ocasiones claras como un mano a mano frente a Gazzaniga y un penalti clave antes del descanso que dio en la madera. Sus intentos posteriores no fructificaron y terminó siendo cazado.

Fermín — ansioso: activo, aunque impreciso. Trabajó mucho en ataque y defensa pero le faltó calma en la decisión final; chutó bastante, sin acierto.

Raphinha — comprometido: confirmó su titularidad con Flick. Tuvo dos oportunidades muy claras: no definió la primera y en la segunda mandó el balón al poste. Flick le sustituyó sobre la hora.

Ferran Torres — emboscado: le faltó espacio vital y siempre llegó un segundo tarde en sus decisiones. Fue relevado por cansancio.

Balde — relegado: pagó con la suplencia el drama en el Metropolitano. Entró en la última media hora, perdió dos balones al inicio y luego dio una buena asistencia a Roony, mal aprovechada.

Roony — abrumado: entró por Raphinha con demasiada responsabilidad. No se escondió, pero tampoco acertó ni en los pases ni en las remates.

Lewandowski — tardío: sigue siendo el rematador más fiable en el área; tuvo unos 20 minutos y peinó un gol que fue bien anulado.

Araújo — avanzado: Flick lo buscó para el golpe de carácter que tiene, como en la primera vuelta frente al Girona. Esta vez no le salió cara.

Bernal — imposible: reemplazó a Olmo en un contexto demasiado complicado para exigirle mucho más.