El Barça perdió el liderato de LaLiga y comprometió su pase a la final de la Copa en cinco días tras dos derrotas decepcionantes ante el Girona y el Atlético. Jugadores y cuerpo técnico mostraron indignación por errores arbitrales de César Soto Grado y del VAR en Montilivi, pero junto a las quejas emergió la necesidad de autocrítica.
Más que buscar excusas en el arbitraje, el club solo puede compensar una racha de decisiones polémicas con buen fútbol y máxima concentración, carencias que el equipo de Hansi Flick mostró frente al Girona y en la eliminatoria ante el Atlético.
DEFENSA DÉBIL, A NIVEL INDIVIDUAL Y COLECTIVO: Más allá de que el 2-1 no debió subir al marcador por la falta de Echeverri sobre Koundé no señalada, el partido dejó claras carencias defensivas: pérdidas de balón en ataque que propiciaron contraataques rival, mala sincronía en la presión tras las pérdidas, imprecisiones en la línea del fuera de juego y facilidad para que los rivales encontraran los espacios a la espalda de los centrales, generando ocasiones peligrosas incluso dentro del área pequeña.
FALTA DE CONTUNDENCIA EN ATAQUE: El penal de Lamine Yamal tuvo que repetirse por invasión del área, pero su primer disparo ya había golpeado el poste; otros remates, como uno de Raphinha, también dieron en la madera. El Barça disparó hasta 27 veces a la portería de Gazzaniga y solo logró el gol de Cubarsí.
FALTA DE CONTINUIDAD COMPETITIVA: El equipo mostró la incapacidad de mantener la tensión tras marcar: la desconexión entre el gol de Cubarsí (59') y el empate de Lemar (61') fue sintomática. El Barça encaja con facilidad y muchas veces no sostiene el esfuerzo tras adelantarse en el marcador.
FALTA DE CONTROL DEL BALÓN Y DEL JUEGO: La ausencia de Pedri González fue muy evidente: no hay en la plantilla otro jugador con sus características para decidir cuándo acelerar, cuándo jugar posicionalmente o cuándo esconder el balón. De Jong facilita las transiciones, Fermín explota la línea de resquicios, Dani Olmo dispara con criterio y Lamine Yamal aporta magia, pero el control del juego pasa por Pedri.
INTRASCENDENCIA DE LAS INDIVIDUALIDADES: Cuando falla el colectivo, las estrellas deben aparecer y en Montilivi ni el equipo ni sus figuras estuvieron a la altura. Ferran Torres (2 disparos, 0 a puerta) y Lewandowski (1 disparo) tuvieron escasa influencia; Lamine y Raphinha participaron pero sin la fortuna habitual. El rival tuvo a Joan García como MVP con 7 paradas (6 dentro del área) y 5 salidas comprometidas, pero ni eso evitó la sensación de que varios futbolistas estaban al límite físico y que problemas como las molestias de Eric García reflejan el desgaste del calendario.