Atlético de Madrid se siente perjudicado tras su derrota 2-1 ante el Barcelona en el estadio Riyadh Air Metropolitano, sobre todo por la decisión de anular una tarjeta roja mostrada a Gerard Martin, jugador blaugrana. El árbitro Mateo Busquets Ferrer expulsó inicialmente a Martin por una infracción con las tachuelas en alto sobre Thiago Almada, pero tras revisión con VAR esta sanción fue reducida a tarjeta amarilla.
Esta decisión generó incredulidad entre jugadores, cuerpo técnico y aficionados del Atlético. El club presentó una queja formal ante el Comité Técnico de Árbitros (CTA) para aclarar las razones que motivaron la reversión de la tarjeta roja. Desde el Atlético critican la aplicación inconsistente de las normas y mencionan un caso similar reciente con el defensa del Real Betis, Valentín Gómez, quien debió haber recibido expulsión por una falta parecida.
Es además la segunda polémica en consecutivo en que el Atlético muestra su descontento con el arbitraje, la anterior en su partido contra el Real Madrid. Quedar con un hombre menos todo el segundo tiempo frente al Barcelona complicó notablemente sus opciones en el juego y pudo haber sido determinante en el resultado.
Tres conclusiones clave surgen de este episodio: primero, la inconsistencia en el uso del VAR pone en duda la equidad arbitral en La Liga. Segundo, el equipo rojiblanco sufrió tácticamente por la inferioridad numérica, afectando su rendimiento. Tercero, la reclamación oficial podría impulsar al comité arbitral a revisar procedimientos y aumentar la transparencia.
En resumen, este incidente no es solo un momento polémico del partido, sino una señal de tensión permanente entre Atlético y los árbitros, y de la necesidad de una mayor claridad en el VAR. Aficionados y la competición deben estar atentos a cómo evoluciona este asunto, puesto que la justicia deportiva es fundamental para la credibilidad del torneo.